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Habilidades que debería tener todo profesional de la ingeniería

De entre los perfiles profesionales más demandados en el mercado de trabajo destaca la de los/las ingenieros/as. De todo tipo. Y esta tendencia va a seguir en un futuro, puesto que la digitalización creciente de la industria, por ejemplo, revolucionará aún más el sector y modificará las cualidades que deberán madurar los profesionales. Así, la ingeniería se sitúa claramente entre los sectores de más demanda laboral. En este contexto y para conseguir ser un buen profesional, hay que desplegar una serie de aptitudes para construir una carrera de éxito dentro de una de las áreas laborales con más especializaciones y actividades de conocimiento.

La primera capacidad que tiene que desarrollar un ingeniero es el trabajo en equipo. Cualquier profesional que se desenvuelva en los diversos campos que abarca la ingeniería necesita potenciar su pericia en el liderazgo y, a la vez, en mejorar su competencia para colaborar con sus compañeros. El ingeniero o ingeniera suele trabajar en contacto con más profesionales. Los equipos de personas que supervisan un túnel, un puente o una mina suelen ser multidisciplinares. Esta es la segunda habilidad a tener en cuenta. La transversalidad de intereses, lejos de ser un tópico, se convierte en una exigencia. De ella depende que el engranaje del equipo funcione bien y no queden cabos sueltos.

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La capacidad de análisis es otra de las bases indispensables. La tercera habilidad. Hay que afrontar los problemas previstos y los que surgen de forma repentina con espíritu analítico, considerando todas las opciones, sin improvisación. Pero como ya hemos visto que los trabajos de ingeniería suelen ser multidisciplinares, hay que contraponer una buena dosis de sentido común al análisis: es posible que la mejor de las soluciones técnicas no sea la que deba aplicarse sin un sentido práctico desarrollado. La buena preparación es muy importante, pero hay que complementarla con las adecuadas dosis de oportunidad. Podemos considerar, por tanto,  el sentido común como la cuarta competencia a tener en cuenta.

La importancia de la formación

En quinto lugar encontramos la formación. Es otro elemento indispensable. La tecnología avanza a pasos agigantados, y el/la ingeniero/a tiene que adaptarse. Incluso deberá adelantarse a las exigencias del mercado.  Si carece de la formación adecuada no podrá conseguirlo. Desarrollar una formación a medida incluye niveles elevados de sacrificio, como por ejemplo en los sistemas de formación dual. Después de lustros en desuso, han vuelto con fuerza, especialmente para incorporar a los más jóvenes en la rueda laboral.

Los valores medioambientales se han convertido en un aspecto a potenciar, en sexto lugar. Cualquier actividad profesional puede tener consecuencias en el medio ambiente. El buen profesional de la ingeniería está obligado a actuar con una mentalidad sostenible en cualquier momento.

No hay que olvidar dos de los problemas más endémicos en el mercado de trabajo español. La escasa movilidad geográfica y los deficientes conocimientos en idiomas. El incremento de la actividad de empresas y autónomos en el extranjero ha puesto aún más en evidencia estas dos carencias. Por tanto, hay que dominar el inglés y hay que estar dispuesto a trabajar en los mercados de exportación, en lo que consideraremos de forma conjunta como la séptima habilidad que debe desarrollar un ingeniero. Las nuevas generaciones de ingenieros/as ya han superado el problema, en buena parte, pero aún hay camino por delante. La crisis letal en prácticamente todos los ramos de ingeniería entre 2008 y 2014 obligó a aumentar la presencia de los negocios en el extranjero. Con la progresiva y lenta vuelta a la normalidad en el mercado interior español, existe la posibilidad de que algunas pymes reduzcan el esfuerzo exportador. Esto no debería pasar.

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Emprender

Dejamos para el final uno de los principales pilares del buen profesional de la ingeniería. La capacidad para emprender. Aparece, pues, en octavo lugar, y como un resumen de las siete habilidades anteriores. Un emprendedor acumula toda la sabiduría descrita anteriormente, porque en caso contrario, no será capaz de levantarse si comete un error. El derecho a equivocarse debe venir acompañado de la tenacidad necesaria que permita volver a afrontar el problema. Así nos encontramos con la novena habilidad.

Para cerrar, en décimo lugar, hay que destacar que el ingeniero está casi obligado a inventar soluciones. Al tratarse de un sector claramente emergente, las posibilidades de crecimiento son muy elevadas. La cuarta revolución industrial ya hace tiempo que ha llegado, y exige unas competencias técnicas y humanas sólidas. Los nuevos campos profesionales a descubrir ofrecen un potencial enorme, pero también demandan un rigor cada vez más elevado.

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